Taza de té matcha

¿Por qué el matcha sabe a césped la primera vez que lo pruebas?

Porque el matcha no siempre gusta desde la primera taza… pero cuando gusta, ya no hay vuelta atrás.

Si la primera vez que probaste el matcha pensaste «¡Pero esto sabe a césped!», no estás solo. Es una de las reacciones más habituales entre quienes se acercan por primera vez a esta bebida japonesa. Lejos de significar que esté malo, ese sabor tiene una explicación muy concreta relacionada con cómo se elabora el matcha, su calidad, su preparación y, por supuesto, con nuestro propio paladar.

Imagina la escena: entras en una cafetería moderna, de esas que probablemente no tienen carta física, solo una pantalla llena de términos en inglés como pumpkin spice, cold brew o flat white. Tu amiga, siempre al día de las últimas tendencias, te recomienda con entusiasmo probar un matcha latte. Algo tendrá, piensas. Antioxidantes, energía… te convences.

Las expectativas son altas. Te entregan un vaso con una bebida de color verde intenso y das el primer sorbo. Ahí es cuando llega el choque: amargo, vegetal, extraño. “Sabe a césped”.

La primera vez es normal

Esta reacción es completamente normal porque no estás bebiendo un té infusionado, sino la hoja de té molida. El matcha se consume entero, y eso supone una experiencia gustativa muy distinta a la que estamos acostumbrados. Tu paladar no tiene referencias previas y busca comparaciones en otros sabores adquiridos como el café, el té o la cerveza, pero no encuentra nada parecido.

¿Has oído hablar del umami? Es un perfil de sabor poco habitual en bebidas para la mayoría de paladares occidentales, y es el sabor del matcha. A esto se suma la clorofila, responsable tanto del color verde intenso como de ese aroma vegetal tan característico. Es cierto que nunca has comido césped, pero el olfato y el gusto están estrechamente relacionados, y esa conexión hace que muchas personas describan el sabor del matcha como herbáceo o “a césped”.

La calidad del matcha importa

Uno de los principales motivos por los que el matcha sabe mal la primera vez es la calidad del producto. Existen distintos grados de matcha, y no todos están pensados para beberse solos. El matcha de baja calidad suele ser más amargo, áspero y poco equilibrado.

En muchas cafeterías no se especifica qué tipo de matcha se utiliza, y en algunos casos prima más el precio que el sabor. Un matcha de buena calidad se reconoce por su color verde brillante, su textura fina y un sabor más suave, vegetal y ligeramente dulce. Cuando la calidad baja, la sensación a “césped” se intensifica.

La preparación cambia completamente el sabor

Incluso el mejor matcha puede saber mal si no se prepara correctamente. Al tratarse de té molido, la temperatura del agua es fundamental: el agua demasiado caliente quema el té y provoca un amargor excesivo.

También influyen la proporción entre el polvo y el agua y la forma de mezclarlo. El matcha tiene su propio ritual de preparación, que incluye tamizar el polvo para evitar grumos, batirlo con la técnica adecuada y, a ser posible, utilizar utensilios específicos. Saltarse estos pasos suele dar como resultado un matcha desequilibrado y desagradable.

El gusto por el amargor 

No todo el mundo disfruta del amargor desde el primer momento. Ocurre con el café solo, con la cerveza o con el chocolate negro. El matcha, incluso cuando es de buena calidad y está bien preparado, mantiene un punto amargo y vegetal que no todos los paladares aprecian de entrada.

En muchos casos, no es que el matcha esté mal, sino que el paladar aún no ha aprendido a disfrutarlo. Con el tiempo, esa percepción cambia.

Cuando el matcha deja de saber a césped

A medida que te acostumbras, lo que al principio parecía extraño empieza a sentirse más equilibrado, cremoso y reconfortante. La asociación se transforma y ese sabor vegetal deja de ser un problema para convertirse en parte de su personalidad.

Porque el matcha no siempre gusta desde la primera taza… pero cuando gusta, ya no hay vuelta atrás.

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